La pregunta es si la lengua puede ser un obstáculo para la movilidad social, que parece ser que sí lo es, si eso es bueno, que supongo que no, y si esto se puede remediar. De las políticas tendremos que hablar en otro momento, hoy sólo algunos hechos.
Las encuestas dicen lo siguiente. En Cataluña, la clase social está muy condicionada por el origen. La probabilidad de que un catalán de nacimiento, cuyos padres sean de fuera, sea un obrero, supera en más de 15 puntos porcentuales a que lo sea alguien de padres catalanes. La diferencia es de casi 30 puntos con alguien que no ha nacido en Cataluña. Desde el otro lado de la escala social: la probabilidad de que un hijo de catalanes sea un miembro de la llamada vieja clase media (propietarios, autónomos y pequeña burguesía en general) es el casi el doble a que lo sea un hijo de no catalanes, y más del doble para un nacido fuera de Cataluña. Lo que es más importante, casi lo mismo sucede con las nuevas clases medias (ejecutivos de empresa, profesionales, funcionarios…).
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Viejas clases medias |
Nuevas clases medias |
Trabajadores no manuales |
Trabajadores manuales. |
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Padres catalanes |
10,5% |
27,8% |
25,8% |
35,9% |
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Uno de ellos catalanes |
6,6% |
26,4% |
28,3% |
38,6% |
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Padres de fuera |
5,8% |
16,5% |
26,7% |
51,1% |
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Nacido fuera |
4,7% |
13,8% |
17,6% |
64,0% |
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Total |
7,3% |
21,3% |
23,8% |
47,6% |
Elaborado con datos del CIS 2660, año 2005.
Encuesta postelectoral (N = 1964).
A juzgar por algunas encuestas anteriores, la segmentación social por origen no ha variado mucho en los últimos tiempos, salvo para las viejas clases medias, donde la brecha se ha reducido un poco. En 1992, por ejemplo, la diferencia de probabilidad de ser obrero para los hijos de inmigrantes con respecto a los hijos de catalanes de nacimiento era semejante a la que encontramos 15 años más tarde; para las nuevas clases medias la brecha también era muy parecida, si acaso menor.
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Viejas clases medias |
Nuevas clases medias |
Trabajadores no manuales |
Trabajadores manuales. |
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Padres catalanes |
19,9% |
25,7% |
23,8% |
30,6% |
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Uno de ellos catalanes |
11,7% |
20,0% |
29,2% |
39,2% |
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Padres de fuera |
8,4% |
14,8% |
25,8% |
50,9% |
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Nacido fuera |
13,7% |
14,0% |
11,7% |
60,7% |
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Total |
14,7% |
19,1% |
20,8% |
45,5% |
Elaborado con datos del CIS 2286, año 1992.
(N = 886).
Se dirá que Cataluña es tierra de inmigración y que esto es simplemente lo esperable. Bien, yo no estoy totalmente seguro. Madrid también es tierra de inmigración, más aún que Cataluña, y en Madrid no sucede lo mismo. Según una encuesta de 1992, antes de las grandes olas de inmigración extranjera, más del 40% de los madrileños habían nacido fuera de Madrid (en esas mismas fechas, sólo un tercio de los catalanes) y sólo un 20%, aproximadamente, era nacido de padres madrileños (en esas mismas fechas, algo más de un tercio de los catalanes). Pues bien, ya en 1992 el acceso a la clase media estaba muy poco condicionado, en Madrid, por el origen territorial propio o de la familia, mientras que en Cataluña lo estaba como hoy o más; y la probabilidad de ser obrero para los “de Madrid” era perfectamente comparable a la de los hijos de forasteros, o incluso para los venidos de fuera (salvo para los trabajos de menor cualificación), mientras que la diferencia era muy considerable en Cataluña. En Madrid, la categoría de origen con más éxito ocupacional parece ser la de las parejas mixtas. No tengo a mano datos recientes para Madrid, pero es de suponer que la pauta se haya mantenido o acelerado.
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Viejas clases medias |
Nuevas clases medias |
Trabajadores no manuales |
Trabajadores manuales. |
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Padres de Madrid |
10,3% |
23,7% |
23,7% |
42,3% |
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Uno de ellos de Madrid |
4,9% |
39,0% |
24,4% |
31,7% |
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Padres de fuera |
6,9% |
18,5% |
32,4% |
42,0% |
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Nacido fuera |
8,2% |
20.9% |
23,0% |
47,6% |
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Total |
7,8% |
23,7% |
25,5% |
43,0% |
Elaborado con datos del CIS 2286, año 1992.
(N = 792).
Soy de los que opinan que esta divergencia está fuertemente relacionada con la diferente senda de crecimiento seguida por Madrid y Cataluña desde 1992 hacia acá. Puedo equivocarme, pero hay cierto consenso en relacionar la movilidad social y el crecimiento. En este sentido, la movilidad es buena para todos, no sólo para aquellos que tienen oportunidades de movilidad ascendente. Es mala para los que arriesgan perder privilegios. De ahí que existan mecanismos de “cierre social”. La lengua puede ser uno de ellos.
No es ninguna sorpresa que la lengua que se tiene como propia está muy condicionada por el origen en Cataluña. En la encuesta de 2005, el 86% de los hijos de padres ambos catalanes de nacimiento tienen el Catalán como lengua, mientras que el 80% de quienes sus padres nacieron fuera tiene el castellano como lengua. Para los hijos de parejas “mixtas” prevalece ligeramente el castellano (el 42,6%) sobre el catalán (39,5%). Como consecuencia de lo anterior, tampoco sorprende que el idioma esté desigualmente distribuido por clases sociales. El catalán no es “la lengua de los señoritos”, como ofensivamente se dice a veces en zonas de emigración, pero sí que es más la lengua de la clase media y alta que la de los trabajadores.
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Lengua castellana |
Lengua catalana |
Ambas |
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Viejas clases medias |
32,6% |
58,2% |
7,8% |
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Nuevas clases medias |
36,7% |
53,1% |
8,1% |
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Trabajadores no manuales |
45,8% |
44,8% |
7,6% |
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Trabajadores manuales cualificados |
54,1% |
34,1% |
5,5% |
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Trabajadores manuales no cualificados |
64,6% |
30,0% |
3,4% |
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Total |
50,4% |
41,4% |
6,2% |
(El resto tiene otra lengua o no contesta)
Esto tiene también claras consecuencias políticas. Como se refleja claramente en el comportamiento de los votantes en las últimas elecciones catalanas, los partidos nacionalistas obtienen sus votos con mucha mayor probabilidad de las clases medias que de los trabajadores. La diferencia entre ERC y CiU es que el primero lo obtiene más bien de las nuevas clases medias y el segundo más bien de las viejas. En cuanto a la composición de su electorado, son ambos partidos burgueses, más ERC si cabe, ya que repele más que CiU a los obreros no cualificados. Esta pauta alcanza incluso a Iniciativa. Como en el caso de ERC es considerablemente más probable que IC obtenga el voto de un funcionario, un médico o un abogado que de un obrero (al menos el doble). El partido más interclasista es el PP, un partido menos burgués que ERC por lo que toca a su atractivo para la gente de posibles, y que obtiene el apoyo de los obreros con probabilidad parecida a este segundo. El único partido cuyo perfil es claramente de clase trabajadora es el PSC. Al menos entre sus votantes. Aunque la opción más obrera de todas es la abstención.
(Pinchar para ver gráficos)
¿Tiene razón el Presidente Montilla al reclamar inmersión lingüística para impedir “ghettos”? ¿Puede la política de inmersión favorecer la movilidad? ¿Permitirá la burguesía nacionalista y sus representantes políticos que tal cosa suceda, o seguirá habiendo lenguas, clases, y clases de catalanes? Son preguntas que me hago y a las que espero que podamos responder.
De momento, encuentro casi fascinante observar cómo el nacionalismo priva a los socialistas de sus apoyos “normales” entre la clase media, convirtiéndolo en un partido más obrero que en el resto de España. Esto parece sugerir que si el partido desea crecer y obtener más votos de clase media no tiene más remedio que incrementar su catalanismo. Esto es lo que posiblemente ha dado sus frutos en las elecciones generales.
Alberto Penadés